Pelos en las orejas nombre

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Células ciliadas externas

En el oído interno, los estereocilios son los orgánulos mecanosensores de las células ciliadas, que responden al movimiento de los fluidos en numerosos tipos de animales para diversas funciones, como la audición y el equilibrio. Tienen una longitud de entre 10 y 50 micrómetros y comparten algunas características similares a las microvellosidades[1]. Las células ciliadas convierten la presión de los fluidos y otros estímulos mecánicos en estímulos eléctricos a través de las numerosas microvellosidades que forman las varillas de los estereocilios[2].

Los estereocilios, que se asemejan a proyecciones capilares, están dispuestos en haces de 30 a 300.[3] Dentro de los haces, los estereocilios suelen estar alineados en varias filas de altura creciente, de forma similar a una escalera. En el núcleo de estos estereocilios en forma de pelo hay filamentos de actina rígidos reticulados, que pueden renovarse cada 48 horas. Estos filamentos de actina tienen sus extremos positivos en las puntas de los estereocilios y sus extremos negativos en la base, y pueden tener una longitud de hasta 120 micrómetros[3]. Las estructuras filamentosas, denominadas enlaces de punta, conectan las puntas de los estereocilios en filas adyacentes en los haces. Los enlaces de las puntas están formados por finos filamentos casi verticales que van hacia arriba desde el extremo superior de una estereocilia más corta hasta su vecina más alta[2] Los enlaces de las puntas son análogos a diminutos muelles que, cuando se estiran, abren canales selectivos de cationes permitiendo así que los iones fluyan a través de la membrana celular hacia las células ciliadas. También participan en la transmisión de la fuerza a través del haz y en el mantenimiento de la estructura del haz de cabellos[4].

Pelo de la nariz

Un modelo del oído interno del ratón. En este modelo, las estructuras en forma de Y se encuentran en posición horizontal. La parte larga de cada forma de Y aparece en azul claro. En la parte superior de las formas en Y se encuentran las células ciliadas externas (que aparecen en varios colores) y otras dos ramas denominadas células de Dieter y procesos falangianos (que aparecen en color aqua y azul-púrpura).

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La audición es un proceso asombroso, y todo gracias a las aproximadamente 15.000 células ciliadas diminutas que hay en el interior de nuestra cóclea, el pequeño órgano en forma de caracol que se encarga de la audición en el oído interno. Las células se llaman ciliadas porque en la parte superior de cada célula ciliada se encuentran pequeños haces de estereocilios, que parecen pelos al microscopio. Cuando los sonidos son demasiado fuertes durante demasiado tiempo, estos haces se dañan. Las células ciliadas dañadas no pueden responder al sonido, lo que provoca una pérdida de audición inducida por el ruido. Dado que las células ciliadas no pueden repararse ni sustituirse en los seres humanos, la pérdida de audición suele ser permanente. (Vea el vídeo El viaje del sonido de Noisy Planet para obtener una explicación detallada de cómo oímos).

Tenemos dos tipos de células ciliadas en nuestra cóclea: las células ciliadas internas (tenemos unas 3.500 por oído) y las células ciliadas externas (tenemos unas 12.000 por oído). Las células ciliadas internas recogen y transmiten la información sonora al cerebro a través del nervio auditivo. Las células ciliadas externas, en las que se ha centrado este estudio, amplifican los sonidos y nos ayudan a captar los sonidos más silenciosos haciéndolos parecer más fuertes. Las células ciliadas externas también nos ayudan a diferenciar los tonos de los sonidos, incluso cuando la diferencia entre dos tonos es muy pequeña. Las células ciliadas externas tienen una formación en forma de Y que se repite miles de veces en la cóclea.

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Pelo de Vellus

Junto al oído medio, en el hueso del cráneo, hay un pequeño compartimento que contiene el aparato auditivo y de equilibrio, conocido como oído interno. El oído interno tiene dos partes principales. La cóclea, que es la parte auditiva, y los canales semicirculares, que son la parte del equilibrio.

La cóclea tiene forma de caracol y está dividida en dos cámaras por una membrana. Las cámaras están llenas de líquido que vibra cuando entra el sonido y hace que los pequeños pelos que recubren la membrana vibren y envíen impulsos eléctricos al cerebro.

Los canales semicirculares también se conocen como laberintos. Estos pequeños canales están alineados en ángulo recto (90°) entre sí. Esto permite al cerebro saber en qué dirección se mueve la cabeza. Estos canales semicirculares están llenos de líquido y tienen algunos pequeños cristales de calcio incrustados en el revestimiento.

El octavo nervio craneal, el nervio auditivo, sale del oído interno y llega al cerebro. Este nervio transmite al cerebro información sobre el equilibrio y la audición. Junto con el octavo nervio craneal corre el séptimo nervio craneal. El séptimo nervio craneal también se conoce como nervio facial porque suministra impulsos nerviosos a los músculos de la cara.

Meato acústico externo

La pérdida de audición es una disminución de su capacidad para oír o entender el habla y los sonidos que le rodean. La pérdida de audición puede producirse cuando alguna parte del oído o los nervios que llevan la información sobre los sonidos al cerebro no funcionan de la forma habitual. En algunos casos, la pérdida de audición puede ser temporal. Sin embargo, puede convertirse en permanente cuando partes vitales del oído se han dañado sin posibilidad de reparación. Los daños en cualquier parte del oído pueden provocar una pérdida de audición.

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Los ruidos fuertes son especialmente perjudiciales para el oído interno (cóclea). Una exposición única a un sonido extremadamente fuerte o la escucha de sonidos fuertes durante mucho tiempo puede provocar una pérdida de audición. Los ruidos fuertes pueden dañar las células y las membranas de la cóclea. Escuchar ruidos fuertes durante mucho tiempo puede sobrecargar las células ciliadas del oído, lo que puede provocar su muerte. La pérdida de audición progresa mientras la exposición continúa. Los efectos nocivos pueden continuar incluso después de que la exposición al ruido haya cesado. Los daños en el oído interno o en el sistema neural auditivo suelen ser permanentes.

Una persona media nace con unas 16.000 células ciliadas dentro de su cóclea. Estas células permiten al cerebro detectar los sonidos. Entre el 30% y el 50% de las células ciliadas pueden resultar dañadas o destruidas antes de que los cambios en la audición puedan medirse mediante una prueba auditiva. Cuando se nota la pérdida de audición, muchas células ciliadas han sido destruidas y no pueden repararse.

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